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Recuerdos del Culturalismo. Capítulo 2: Al final, después de todo...

Existe una norma no escrita en historia que diferencia al enemigo del antagonista. Tener un enemigo es una representación de miedo, de horror, de envi ...

19/01/2016 14:49

Existe una norma no escrita en historia que diferencia al enemigo del antagonista. Tener un enemigo es una representación de miedo, de horror, de envidia; pero sobre todo de odio a lo que tienes enfrente. Por su parte un antagonista es aquel que, pese a tenerlo en el mismo lugar que al enemigo, entre medias hay una relación de admiración y respeto, en lugar del "contrario" es "el otro", el que con su grandeza construirá tu gloria una vez sea derrotado. Son muchos los personajes de la historia que mantuvieron esta relación, el califa cordobés Abderramán III y nuestro rey Ramiro II, Hernán Cortés y Moctezuma o el general inglés Montgomery y el mariscal Rommel. ¿Qué tiene que ver esto con el fútbol? Pues que nuestra Cultural tiene su antagonista en el Burgos C.F.

            Quizás esa relación antagónica, de admiración y respeto, lejos de lo que se pueda pensar, ha unido más que separado a ambas ciudades a través del fútbol. Y es que León y Burgos son dos poblaciones parecidas. Son de un tamaño similar, con dos de las catedrales más bonitas del mundo que rivalizan entre sí por ver cual es más bella (Aunque la respuesta es evidente, ¿Verdad?). Incluso parecen unidas y destinadas a entenderse por medio de la política, ya que son capitales históricas de las dos regiones que hoy forman la actual autonomía. Ya sé que no se debería mezclar deporte y política, pero esto es una realidad que está ahí.

            Y con todo la relación ha sido más buena de lo que se pueda esperar, ha sobrevivido al paso del tiempo, a los cambios de la historia reciente de España y de ambas ciudades, incluso se ha sobrepuesto a esos errores del pasado reciente pese a que algún individuo a través de un medio de comunicación quiera inútilmente resucitarlo cada año sin saber muy bien por qué.

            A lo largo de la historia, ambos Clubs se enfrentaron, pero sobre todo se entendieron (vamos a obviar las refundaciones que ha tenido el Burgos y a pensar en él como el ente que ha llevado el nombre de la capital de Castilla por toda España, sea en la década que sea) y ayudaron en momentos de necesidad. Ellos son los castellanos, los del Burgos, los que cuando nos vinieron mal dadas, nos visitaron desinteresadamente para recaudar fondos en un amistoso, los que, por medio de su presidente, dieron la idea a nuestros eternamente recordados hermanos Fernández Rabanal de cómo salvar a la Cultural de la ruina en 1965. Ellos son los que, igual que nosotros, miran con añoranza el pasado, sus días de gloria, esperando que algún día El Plantío vuela a ser lo que fue, que otro "Juanito Maravilla" les lleve a esas categorías de las que quizás nunca debieron salir, ¿quién no lo quiso alguna vez?

            En el campo ambos visten de blanco. En las gradas, unos y otros se vuelcan en la misma pasión, con la misma tensión, viendo al "otro" como un igual al que siempre admirar y derrotar. Como decía una hermosa canción de una mítica banda aragonesa, "al final, después de todo, no somos tan distintos".

 

Rodrigo Ferrer Diez

Autor de Historia de la Cultural y Deportiva Leonesa, 90 años de una parte de nosotros.

 

Fotografía: el presidente Panero entrega al Burgos un detalle conmemorativo (Col. Asoc. Veteranos)